mercredi 6 mai 2015

6 de mayo - Nara

De Okayama, nuestro destino siguiente era Nara, una ciudad próxima a Kyoto. Gracias al tren bala y a otro tren exprés llegamos en poco tiempo y nos fuimos a nuestro hotel.

Hotel Asyl Nara
Aburasaka-cho 1-58
Nara

Es un hotel de estilo japonés con habitación de tatami y futones para dormir en el suelo. Por el día se doblan los futones y la habitación se convierte en un salón. Viendo la habitación decidimos reservarla de entrada para la noche siguiente y nos fuimos a pasear por el parque de Nara.

La ciudad es famosa por tener 1200 ciervos en libertad por sus calles.


Paseamos por el parque y llegamos justo a tiempo para visitar el templo donde se encuentra un buddha gigante de bronce y oro, el Daibutsu. Mide 16 metros de altura, aunque no lo parece.


La mano del buddha que se le cayó en un terremoto.


Al lado de la estatua había un agujero en la base de una columna por el cual se podía intentar pasar. Si se consigue pasar, se dice que alcanzará uno la iluminación (pasamos todos).

El paseo hasta el templo y vuelta fue largo, y acabamos cansaditos. Fuimos pronto a cenar, primero unos pinchos (yakitori) de pollo en un bar de sake.



Luego otra vez sushi en cinta rodante (no tan buenos como los del día anterior). Para acabar bien el día, me fui al baño japonés del hotel (era hora de mujeres). Un lujito.

5 de mayo - Matsuyama

Todavía nos quedaba por ver Matsuyama, lo cual conseguimos sólo a medias ya que teníamos que devolver el coche de alquiler a las 17:30 en Okayama, a tres horas en coche desde Matsuyama. Hay un onsen famoso que no conseguimos ver, pero tampoco estaba muy segura si hacer pagarpagar a todos los 1500 yenes de la entrada para bañarse otra vez en agua hirviendo. En vez de eso fuimos a ver el castillo, al que se accede en teleférico o en telesillas para los que no tienen rubios.

En todos los sitios había un muñeco de samurái muy mono como saben hacerlo los japoneses.


Dimos una vuelta al castillo escalando escaleras de madera cada vez más empinadas. A la vuelta de una esquina encontramos un sitio donde los niños podían sacarse fotos vestidos de samurái. Provocamos alegría entre el público y para las jóvenes voluntarias que les vistieron.



Luego había disfraces mas sencillos de poner.


Vistas del castillo.


Pero se nos hacía tarde. Compramos guarrerías fritas del 7/11 (nuestro súper de referencia en Japón como en toda Asia) y nos fuimos con el coche hacia Okayama. Cogimos otra carretera que pasaba por 5 ó 6 islas y cruzamos otros muchos puentes gigantes.


Todo iba bien hasta que nos encontramos con un atasco gigante de unos 10 km de largo. Hay que saber que las autopistas japonesas no sólo son carísimas, sino también por la mayor parte de un sólo carril, así que pagas 3000 yenes por ir a 60 detrás de un camión. En nuestro caso, el atasco gigante era provocado por la salida del peaje. Hasta Okayama pusimos la WiFi móvil que nos había dado Tomoko y tratamos de evitar tramos en rojo en el mapa de tráfico. Al final sólo llegamos 20 minutos tarde, pero que agobio de viaje. Era también el final de la semana de oro, de allí el trafico denso.

Dijimos adiós a nuestro coche.


Como recompensa, fuimos a comer sushi en un sitio con cinta rodante que habíamos visto la ultima vez que estuvimos en Okayama. El sistema es el siguiente: uno coge de la cinta los sushis o demás cosas que le apetecen, luego junta los platos que son de distintos colores para distintos precios, y paga. Acabamos con dos montañas de platos, los campeones del restaurante. Una pena que se nos olvidó sacar una foto.

mardi 5 mai 2015

4 de mayo - hacia Matsuyama

Nos despedimos de nuestra casa de Awa y nos pusimos en marcha hacia Matsuyama donde teníamos otra reserva de Airbnb, esta vez confirmada y con dirección exacta ya localizada en el Google Maps. Habíamos decidido ir por el interior por una carretera de montaña, pero primero habían que coger un trozo de autopista. Nos paramos en un área de descanso con columpios que habíamos visto el día anterior. Hay muy pocos columpios en Japón, pero cuando los hay, pueden ser impresionantes.


En esa área había no sólo columpios, sino también una macrotienda con 2 restaurantes, un río en que se podía bañar


y un escenario donde se podía ver demostraciones de baile japonés


y hawaiano


Total que nos quedamos tres horas en el área de descanso de la autopista. Luego cogimos un desvío por una carretera por un valle a lo largo de un río. Paramos en un templo budista que había visto en el mapa. Era un sitio precioso con un jardín muy cuidado y miles de detalles para mirar.




Mientras estaban dormidos los rubios seguimos la ruta por el valle, con preciosas vistas a las plantaciones de té.


En Matsuyama, nuestra primera acción fue parar en un minigolf que fue un éxito total para la familia. Luego encontramos nuestro alojamiento y el código que me habían dado para el candado que estaba colgando de la puerta funcionó. Una vez abierto el candado se abría una caja en la cual estaba la llave del piso. Parecía un juego de pista. Esta vez no puedo dar datos de la dirección ya que se trata de una casa privada, pero el piso estaba muy bien, con muchas comodidades.

¡Hasta mañana!

lundi 4 mai 2015

3 de mayo - valle de Iya

Para nuestro primer día en Shikoku dudábamos entre ir a ver un famoso remolino que se forma 2 veces al día en la costa este de la isla e ir a explorar las montañas del interior. Nos decidimos por la segunda opción, ya que si no llegábamos a tiempo para el remolino (11:30) nos quedábamos sin actividad para el día, y en cambio las montañas siempre están. Cuando cogimos el desvío para el valle, vimos que no éramos los únicos que habían tenido esa idea. Nos quedamos atascados en un medio pueblo al principio del valle. La cosa mejoró algo cuando nos metimos por la antigua carretera. El valle de Iya es famoso por sus paisajes y también por sus aguas termales (onsen). El más famoso onsen se encontraba en el fondo del valle, pero paramos en uno menos conocido para que mis chicos tuviesen su primera experiencia de baño japonés. Nos separamos en chicos y chicas, y entramos. Primero hay que ducharse, luego estar un poco en el baño. Como el agua abrasa no se puede quedar uno mucho tiempo, pero Irene no quería irse. Se portaron muy bien los niños.

Paramos en una estatua llamada Manneken Pis como el de Bruselas. La gente le echaba monedas.



Paramos a comer una cosita y nos subimos a unas cabinas con monorail en forma de mariquitas que daban un paseíto por las montaña. Una espera larga por una vueltecita de nada, pero era una actividad buena para los rubios.



Después del baño nos pusimos a buscar unos puentes de lianas famosos de los cuales solo quedan tres. Encontramos el mas accesible de ellos. No estábamos los únicos. Eso es el puente:


Y eso es el aparcamiento para ver el puente:


Había tienda de recuerdos y restaurantes por todo el recorrido. En cada esquina se podían comprar bacaladitos ahumados (o algo por el estilo).



Decidimos buscar los dos puentes menos conocidos que están en una parte menos conocida del valle. Los encontramos según empezaba a llover. Como suele pasar, el según do sitio era mucho más bonito que el primero y éramos casi los únicos. Que mal lo pasé cruzando el puente con Irene de la mano...


Volvimos a cruzar al otro lado del río por un teleférico artesanal.


Por la carretera, había muñecos de trapo en tamaño real que daban una impresión de pueblo fantasma. El sitio se llama pueblo de los espantapájaros.



Ya se puso a llover fuerte y se hacía de noche, así que nos volvimos directamente al restaurante del día anterior. Ese día sí que nos dejaron probar la parrilla. Nos pusimos ciegos.

2 de mayo - Okayama

En Okayama todo es ya un poco más provincial. La gente se fija más en nosotros (es decir, en los niños) y hay cada vez menos cosas en inglés. La atracción principal de la ciudad es un castillo de color negro rodeado de un gran jardín. Allí fuimos en un tranvía de madera antiguo. Mientras estábamos caminando del tranvía al castillo en un sol abrasador, yo estaba gestionando el alojamiento de la noche. Es que estábamos empezando la semana de oro japonesa donde toooodos los japoneses se van de vacaciones. Total que no había ni una sola habitación de hotel libre por debajo de mil euros desde principios de abril. Al final había encontrado un alojamiento en la pampa en la isla de Shikoku a través de Airbnb, que estaba todavía sin confirmar. Estaba sudando tanto por el calor como por la idea de pasar la noche en nuestro coche de alquiler.

Mientras tanto habíamos llegado al jardín del castillo. De entrada decidimos pasar del castillo y verlo nada más que por fuera ya que los dos castillos que habíamos visto ya no contenían nada más que restillos de pinturas. Pero por fuera era bien bonito.


El jardín nos gustó, un poco menos a Leo que se cayó en un riachuelo del jardín y mojó sus zapatillas nuevas.


Hay un jardín de iris.


Y los novios van allí a sacarse fotos.


Al salir dimos una vuelta en un pedalo en forma de cisne en el río entre jardín y castillo. Fuimos a comer gyoza (ravioli de pollo) y cha-han (arroz frito) en un chino al lado de la parada de tranvía que además de comida rica tenía juguetes en una sala delante del restaurante. Nos fuimos solo porque nos echaron (cerraban a las 3), sino habríamos seguido con gyoza y cerveza mientras los niños se tiraban por el tobogán.

Hicimos un poco de tiempo antes de ir a recoger nuestro coche de alquiler que nos esperaba en una oficina cerca del hotel. Es un coche en forma de cubo como tienen todos por aquí, con navegador integrado probablemente muy eficaz pero para nosotros difícil de manejar a pesar de que habla inglés con acento de Dallas. Para los que lo querían saber no me sé la marca ni los detalles técnicos del coche.


Milagrosamente los empleados de la oficina de alquiler supieron poner la dirección de nuestro alojamiento fantasma de esa noche y seguimos fielmente las instrucciones de nuestra guía tejana hasta Awa, un pueblo en la isla de Shikoku que está por debajo de la isla principal que se llama Honshu. Para cruzar hay que pasar un puente gigante que pasa por tres islas.


Y de verdad había una casa de huéspedes en Awa, la encontramos y estaba abierta, y además había una habitación para nosotros.
HS Japan
Oonishi 212-4 Ichibacho Yamanoue
Awa, Tokushima

Los dueños son una pareja muy simpática. En Airbnb el sitio tiene algunas criticas malas por su ubicación al lado de una carretera grande y en un pueblo más bien feo, pero sólo hace falta recorrer unos kilómetros para encontrarse en la naturaleza. Visto lo difícil que lo habíamos tenido para encontrar un sitio donde pasar la noche, nos daba igual si era feo o bonito. Nos recomendaron un restaurante de ramen y demás cosas como carne a la parrilla y allí cenamos. Carne a la parrilla no nos dieron porque las mesas con parrilla estaban ocupadas o porque en la parte del restaurante que tenía parrillas había unos borrachos que acabaron tumbados en el suelo de tatami con el cigarro a la boca. Pero cenamos estupendamente.



vendredi 1 mai 2015

1 de mayo - aún más Kyoto - Okayama

Otro día más con la bici por Kyoto


Fuimos primero hacia el famoso templo de oro, parando en un curioso altar lleno de representaciones de jabalíes.


Y viendo alguna mujer en kimono


Ese templo también está lejos del centro, pero allí llegan los autobuses sin problema. Había clases de niños y grupos de chinos para aburrir. El templo, recubierto de hojas de oro, fue quemado por un chaval hace años que oía voces ordenándole que lo incendiara. Fue reconstruido entero.


Y eso es una vista de la esplanada desde donde sacamos la foto. En toda intimidad.


A continuación buscamos un jardín que recomendaban en la guía y nos metimos en un complejo de templos llamado Daikokuji. La mayor parte de los edificios, según el mapa que nos dieron, estaba cerrada al público, así que era bastante más tranquilo que en el otro lado. Dimos unas cuantas vueltas para encontrar un jardín que eran en realidad tres cuadrados de gravillas al estilo zen. No se podían sacar fotos ya que en el pasado alguien intentó vender fotos del jardín en internet.

Para comer, encontramos un coreano que sirve comida picante muy a pesar nuestro ya que lo que habíamos pedido para los niños también picaba. Volvimos hacia el centro y vimos el castillo de Hijo, a marcha forzada puesto que teníamos que recoger nuestras mochilas a las 4 de la tarde.



Con mochilas puestas y niños en las sillitas, nos fuimos otra vez a los columpios antes de decir adiós a nuestras bicis tan buenas. Teníamos que coger el próximo tren, hacia Okayama, más al sur en dirección a Hiroshima. Como teníamos un poco de tiempo, subimos a la terraza que hay en el piso 11 del edificio de la estación.


Llegamos a Okayama a nuestro hotel de lujo, sucios como unos cerditos.
Hotel Daiwa Roynet
Kita-ku Ekimae-machi 1-1-1, 5 piso
Okayama

Estamos derrotados.


30 de abril - más Kyoto

La primera acción del día fue de cambiar nuestras bicis convencionales por unas eléctricas. Era mi primera vez en una bici con motor y sí que ayuda, sobre todo en cuesta y con 15 kg en la sillita. En modo poder vas como el rayo. Allí en Kyoto las normas para bici son bastante flexibles, así que puedes ir en las aceras y por prohibido, todo eso con el motorcito puesto, más de una vez rocé o bien la muerte o bien un viejecito con bastón.

El camino hacia las atracciones turísticas de Kyoto es largo. Hay varias zonas de templos y casi todas las mas bonitas están en las afueras. Para empezar llegamos al puente de Toogetsu que está al extremo oeste de la ciudad.



 Caminamos una cuesta arriba que se hace interminable con los niños en busca de lo que prometía una señal que decía Children's Playa Área. Cuando llegamos al sitio no había nada más que una llanura de tierra en pleno sol sin nada para jugar. Bajamos por el bosque de bambúes y el templo de Tenryu-ji con su bonito jardín.




Volvimos hacia el puente y nuestras bicis para comer en una terraza algo alejados del mogollón de autobuses turísticos y tiendas de recuerdos que están todos concentrados en un rayo de 20 metros.

En la tarde costó mas dar pedales aun con motor. Llegamos hacia un jardín zen.



Y los niños descubrieron su pasión por la fotografía.


Volvimos a la tienda para prolongar el alquiler de las bicis y nos fuimos a los columpios. Cenamos en la habitación y nos dormimos en seguida de tantos pedales que hemos dado.